Conjunto Histórico
Historia Local

No se han encontrado restos que atestigüen la existencia de pobladores prehistóricos. Se cree que la población de Galaroza debe su nacimiento a los árabes, concretamente a los bereberes, si atendemos a que el origen de su topónimo pudiera venir de “Al-Jaroza”, con diversas interpretaciones: “Valle de las Rosas”, “Valle de las Doncellas” o “Valle de la Desposada”. Cuenta la leyenda que un príncipe llamado Ysmail quedó encantado de una mujer al pasar por el valle que hoy día es Galaroza. Su afán de encontrar a tan bella mujer le llevó a perderse en la arboleda. Para desgracia del príncipe, jamás la volvió a ver.


Como toda la comarca, estas tierras fueron ocupadas por los musulmanes entre los siglos VIII y XII. Durante el siglo XIII será alternativamente de Portugal y de Castilla hasta que en 1267 por el Tratado de Badajoz queda adscrita al Reino de Castilla definitivamente.


La historia documental de Galaroza no comienza hasta el 18 de abril de 1553, cuando el Emperador Carlos I otorga a su hijo el rey Don Felipe privilegios para que algunas jurisdiciones menores sean declaradas Villas y así recaudar fondos para las maltrechas arcas reales. Es por lo que en esta fecha es declarada Villa a Galaroza, independizándose de Aracena, en la carta de Exención de la Villa de Galaroza se le otorgan las aldeas de Fuenteheridos, Navahermosa, Las Cañadas, Las Chinas, Cortegrullo y Las Vegas. Los habitantes que formaban parte de Galaroza en 1553 eran de 680 vecinos aproximadamente.


En 1559 el Duque de Alcalá, Don Fabrique Enríquez de Ribera, compra Galaroza a la Corona, pagando por cada vecino 16.000 maravedíes, pasando entonces a ser tierra de señorío. Posteriormente, en el año 1756 pasará a ser Condado de Altamira.


En los años de 1755, 1761 y 1763, se produjeron en Galaroza tremendos terremotos que causaron grandes desperfectos en las viviendas del pueblo, si bien no se conoce el número de víctimas, aunque tuvieron que ser cuantiosas. La peor parte patrimonialmente hablando se la llevó la parroquia de la Purísima Concepción, que sufrió grandes desperfectos.


El 7 de Julio de 1810, las tropas francesas entraron por primera vez en Galaroza, a las que siguieron otras el 17 de Julio de 1811 y finales de Agosto del mismo año. En este periodo cabe destacar que todo el tesoro de la Iglesia en Galaroza, así como las arcas municipales fueron mandadas a Cádiz para su custodia por una orden Gubernamental. Pasada la Guerra de la Independencia se comenzó a intentar traer de nuevo las joyas y demás tesoros, pero por desgracia no todo volvió.


Galaroza será tomada por los franceses el 7 de julio de 1810, estando dominada desde entonces hasta 1812.


El caserío de Galaroza ha sido declarado Conjunto Histórico debido a sus notables valores históricos, arquitectónicos, paisajísticos y medioambientales. El primitivo núcleo de la localidad se desarrolló en época medieval en un pequeño cerro, coronado por la iglesia parroquial, formándolo calles estrechas y tortuosas, adaptadas a la topografía del terreno. De esa época también es el aledaño de Los Riscos. En los siglos XVIII y XIX Galaroza experimenta un notable crecimiento económico y demográfico, y la población crecerá en dirección a la Ermita del Carmen, hacia la Fuente de los Doce Caños, en busca de las tierras llanas entre el Cerro de Santa Brígida y los cabezos del norte. En un ensanche posterior, durante el siglo XIX, aparecerá el Barrio de la Fuente, en el que la traza es más regular, ancha y rectilínea. La mayoría de las edificaciones están dedicadas al uso residencial, caracterizándose su arquitectura popular por los escasos huecos al exterior, no superando en general las dos plantas, siendo la planta alta el característico doblao. La comunicación entre el núcleo primitivo y esta nueva zona se llevará a cabo a través de la calle Gumersindo Márquez, eje básico de la localidad y lugar donde se construirán las mejores casas solariegas neoclásicas. La posterior evolución histórico-urbanística de Galaroza ha terminado de configurar la actual forma triangular que presenta la localidad, que rodea en su totalidad al Cerro de Santa Brígida.


Su caserío presenta por tanto un buen estado de conservación, con abundantes ejemplos de la arquitectura popular característica de esta Sierra. En este sentido, posee buenas muestras de arquitectura barroca del siglo XVIII, neoclásica del XIX, y edificios con elementos modernistas, historicistas, regionalistas y eclécticos de principios del XX.


Un segundo gran crecimiento tiene lugar a finales del siglo XIX, se localiza en la zona más septentrional de Galaroza y en la Avenida de los Carpinteros, así llamada por la abundancia en la misma de inmuebles destinados a esta actividad artesana.



El Cerro de Santa Brígida es el principal causante de la peculiar estructura urbana de Galaroza en forma de triángulo. Desde él se tienen magníficas vistas de la localidad. Coronando este cerro se encuentra la Ermita de Santa Brígida, uno de los principales hitos arquitectónicos de Galaroza, construida a finales del siglo XIII o principios del XIV por los primeros repobladores cristianos.


El gentilicio de Galaroza es cachonero (o cachonera), que viene del pero "cachón" como consecuencia de la buena fama obtenida por esta localidad desde tiempos muy lejanos en el cultivo de la manzana.